Poesías del corredor
Viernes, 16 de Octubre de 2009

Viernes, 16 de Octubre de 2009

Viernes, 16 de Octubre de 2009
Jack Pinrel llegó a su casa, comprobó que no había nadie y se desvistió por el pasillo. Fue quitándose la ropa dando trompicones mientras se dirigía a la cocina. En calzoncillos se cortó medio plátano y se lo tragó; se bebió a morro un trago áspero de café frio del recipiente y bebió un trago de agua.
Había tenido un día de esos que parecen un ladrillo del muro que se construye día a día; todos iguales, sólidamente pegados, esperando a un buen graffiti. Había una nota en la nevera con la lista de las cosas que faltan por comprar y que se puede vivir sin ellas. Tal como las leía evaluaba si podía comprarlas en el camino de vuelta. Al mismo tiempo inventaba excusas para hacer o dejar de hacer lo que le incomodaba.
Ya no era un jovencito y sin embargo cada vez que era capaz de cubrir la distancia prevista se quería un poco más a si mismo. Los niños andaban en lo suyo que son las cosas que suelen preocupar a jack y a “motown”, pero a ellos no.

Jack llama motown a su esposa desde que le regaló la discografía completa de los ídolos del soul, funk y dance del famoso sello y ella utilizó los cd’s colgándolos de un hilo de pescar para espantar a los pájaros del jardín.
Eran las cinco de la tarde, justo el hueco entre la salida del trabajo y el comienzo de la clase de yoga de motown que era a las seis y media.
Jack se puso las mallas cortas, la camiseta de manga larga y se calzó uno de los cuatro pares de zapatillas que tenía. Salió al portal y decidió la ruta evitando a la gente, el tráfico y los semáforos.
En cuanto daba las primeras zancadas sabía lo que tocaba ese día. Esta vez las piernas tienen ganas, los apoyos del pie se quejan lo justo y la temperatura es perfecta.
En cuanto alcanzó la zona abierta de la ciudad empezó a acostumbrarse a su nuevo trabajo: correr.
Esta vez había dejado el mp3 en casa, a veces le cansa oír otra cosa que no sean sus pasos. Fueron pasando los kilómetros. Asfalto, tierra, gravilla: ¡Crash! ¡crash!. Notaba como se agitaba la respiración y se extendían las pequeñas manchas de sudor en la camiseta conseguida en la última carrera. En sus letras ponía la distancia, el lugar donde corrió esa prueba y eso le motivaba.
- “¡Sólo consigues camisetas, tienes los cajones llenos!”. Le había dicho Motown en más de una ocasión. Jack pensaba que era cierto y había intentado explicar en vano que eso era parte del juego; el hecho de conseguir lo que nadie puede ver. El cansancio silencioso de un día más atravesado por la carrera, la zancada que desplaza al ladrillo fuera de su sitio para que el muro no tape el cielo o para poder ver más allá a través del hueco.
- ¿Has comprado el Ketchup, y la crema de cacahuete?. ¡Ya veo que no! ¡Sólo vas a lo tuyo! – dijo Motown mientras se ponía la chaqueta para salir a su clase de yoga.

Jack extendió la esterilla en el suelo para estirar mientras se ponía el “sexual healing” de Marvin Gaye.
JOHN VESANIA